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lunes, 5 de febrero de 2018

El enfoque "Problema — solución", o por qué las malas noticias aumentan en campaña electoral

Hoy vamos a hablar de una táctica básica de ventas, y una de sus aplicaciones más evidentes y también más efectivas: el marketing político, y en particular, la venta de candidatos.

En la teoría clásica de ventas existen diversas tácticas. Algunas más eficientes que otras, algunas más éticas que otras. Una de las más usadas se denomina la técnica de “problema-solución”

Conceptualmente es muy simple: en vez de mostrar los beneficios de un producto de manera directa, se muestran primero problemas que el producto solucionará al adquirido.

Uno de los puntos más importantes del marketing es que la promesa de valor (es decir, aquello que ofrecemos a los clientes) sea interpretada adecuadamente. Muchas veces para generar esta correcta valoración se opta por el enfoque de mostrar primero los problemas que la promesa de valor soluciona.

Los ejemplos abundan:

Supongamos por ejemplo que un celular tiene una cámara con gran resolución para escenas nocturnas. 

El vendedor, que conoce dicho atributo, en vez de plantearlo directamente dice: “¿alguna vez ha tomado fotos de noche y han quedado feas?¿Se imagina tomar fotos del hijo cumpliendo años y que no le quedé ninguna buena?¿O fotos de un concierto?“  Su idea es simple: hacer evidente en problema.

Luego, plantea la solución:
Con este celular no le va a pasar nunca porque tiene un sistema de captura de luz que permite la fotografía en condiciones extremas...."

Ahora el atributo y su beneficio resulta interesante para el cliente.


La táctica se repite. Despues de comprar el celular el vendedor dice: 

mire usted que hay mucha inseguridad, que se le puede caer el celular y se le rompe le pantalla, que puede llegar a necesitar mantenimiento... Por todo eso, le ofrezco este super seguro que incluye todo lo que necesita".

De nuevo: problema - solución


Dicha táctica, sumamente básica, es también sumamente eficiente. Tan solo se requiere comprender ejecutar claramente cada uno de los pasos. Así que recapitulemos:

1. Encuentre aquellos asuntos que pueden ser preocupantes para el cliente (problema) y que usted tiene como atributo (solución)
2. Ponga en evidencia dichos asuntos (plantee el problema)
3. Plantee que tiene la promesa de valor que soluciona dicho problema (plantee la solución)

En marketing político se usa dicha táctica de manera sistemática, aunque con una sutil modificación: en vez de plantear un problema cualquiera se plantea un problema que cause miedo.

Dicha modificación ha demostrado ser muy exitosa pues la necesidad de seguridad es una de las más fuertes en el ser humano. Se usó en el Brexit inglés, la usa Trump todos los días, y en el propio patio la usan decenas de políticos. El miedo vende, como bien saben los vendedores de seguros y de armas.

¿Pero cómo funciona esta modificación en el marketing político?

Vamos de nuevo con los pasos:

1. Identificar el temor
2. Maximizarlo
3. Ofrecer soluciones

Podemos ejemplificarlo con lo que se vive hoy en plena campaña electoral colombiana. Veamos:

1. Identificar el temor:

¿Cuál es el miedo más común de los colombianos? Respuesta, volverse Venezuela. 

La Venezuela actual representa, para Colombia, una suma de miedos: un presidente populista explotando a la población, un modelo “comunista” (no es así en realidad, pero ilustro el miedo), un país con desplazamientos extremos por pobreza, un país con condiciones de inseguridad alarmantes, etc.

El miedo, sin embargo, no se expresa en la mayoría de los políticos colombianos directamente como Venezuela, sino que se le da un sutil maquillaje:
“Colombia tiene miedo a un país gobernado por la izquierda"

Ya hemos identificado el miedo, vamos al segundo paso.

2. Maximizar ese miedo: ¿Cómo podríamos maximizar ese miedo? (Es decir, ponerlo en evidencia)

Depende del candidato, cada uno de los que ha decidido emplear dicha táctica lo evidencia a su manera.

Veamos tres ejemplos.
  • Uno de los candidatos se enfoca en señalar que las Farc encarnan ese miedo, por eso dice reiterativamente que llegarán al poder. Lo plantea como un hecho (diciendo por ejemplo que el voto en blanco les da curules, que compraron 10 departamentos, etc. No importa si es real o no, lo importante es maximizar el miedo)
  • Otra estrategia de un par de candidatos, es plantear que un candidato de izquierda va ganando las encuestas. Esa es prueba de que los temores se harán realidad (se le muestra como vencedor, se recuerdan sus “acciones de izquierda“. De nuevo, no importa mentir si eso aumenta el miedo)
  • Y aquí viene el caso más interesante: un candidato, reconocido precisamente como de izquierda, vuelve al miedo original (Venezuela) planteando que los últimos 20 años replicamos el modelo económico de mono dependencia al petróleo, con gobiernos que hicieron precisamente lo que llevó a Venezuela a su crisis actual. (De nuevo, no es completamente cierto, pero no importa, sólo importa justificar el miedo)

Tres ejemplos diferentes, misma idea de fondo. Algunos usan la prensa para aumentar su mensaje, otros las redes sociales, etc. Lo que importa es aumentar el miedo.

Vamos con el tercer paso:

3. Ofrezca soluciones:   ¿Cuál es la solución para evitar ese miedo?

Obviamente, la solución es.... ¡El candidato que plantea el miedo!

No voy a decir decir los nombres, sino que lo dejo aquí como ejercicio. Sólo considere en cada uno de esos casos quién puede beneficiarse. (Por cierto, en los ejemplos que di hay tres respuestas, una por cada caso. Y sí, la tercera respuesta también es sorprendente)


Haga siempre el mismo ejercicio. En sus compras, piense si el problema que le mencionan es real o inventado. En sus votos piense en el temor vendido y quien resulta el más beneficiado del mismo. 

Intente pensar sin miedo, y racionalizar si los problemas mencionados lo atañen directamente a usted o no (nadie dice que no son problemas reales, la pregunta es si son problemas que a usted lo tocan o no). 

Así comprará mejor, votará mejor, en tiempo de elecciones dejará de compartir tanto miedo en Internet, y sobretodo, dejarán de ser manipulado por personas con ética cuestionable.

martes, 18 de mayo de 2010

Mockus vs Santos

En este blog no hablamos de política. Es un asunto consciente, pues no queremos sentar una posición que de pie a discusiones sobre cuál candidato es mejor que cuál, y porque además sostenemos que el voto es un asunto secreto y por ende no tenemos que dar una explicación a los motivos de nuestra preferencia sobre un candidato u otro. De hecho, esta entrada consideramos publicarla sólo después de las elecciones, sin embargo, nos hemos decidido y por primera vez hablamos de política.


Si en Colombia se eligiera la mejor campaña de marketing político el ganador sería Mockus. De inmediato. O quizás quedaría fuera de concurso. Pareciera que sus asesores han tomado paso a paso el libro de texto para entender qué es lo que debe hacerse y qué es lo que no.

¿Por qué es una campaña magistral?

El primer punto es simple: Influencia. No es un proceso de marketing permisivo en el cuál se compran votos o espacio de publicidad. Es un proceso de marketing permisivo en el cuál es la gente quien pide poder votar, poder poner la publicidad.

La influencia es un asunto maravilloso, es un asunto que refleja a la perfección la frase que empleamos hace algunas semanas de cómo la “autenticidad es la nueva autoridad”. La influencia es lo que explica lo que mediáticamente se ha llamado la “ola verde”.

La pregunta a hacerse tiene un punto clave: ¿Por qué se ha logrado generar aquí influencia real?

Existen dos motivos básicos:
  • El primero es el trabajo previo. Mockus nunca se vendió como un candidato, vendió a su equipo. Igualmente, Fajardo trabajó durante varios años posicionándose en las redes sociales. Y estos dos puntos, juntos, dieron fruto.
  • El segundo motivo es que comprendieron un punto clave del comportamiento del consumidor de un segmento clave en Colombia: los jóvenes. Por años se ha dicho que el joven es un voto abstencionista, y esto puede ser cierto como síntoma, no como un motivador profundo. El voto joven es un voto apasionado, y ésa es una profunda diferencia. Es abstencionista cuando nada lo apasiona, pero cuando algo llama lo suficiente su atención es sumamente probable que este comportamiento cambie. El comportamiento evidente (votar) es profundamente influenciado por los afectos y la cognición (en este caso, el apasionamiento hacia el candidato).

Las redes sociales han sido campo de batalla de estas elecciones, y en ellas la participación joven es sumamente clara. En facebook, por ejemplo, se creó una aplicación para “donar tu estado al candidato”, de forma que una vez al día el estado de aquellos que “son fan” cambia para informar alguno de los puntos clave del candidato.

Pero el fenómeno va más allá. Un grupo de actores donó un video apoyando la campaña. Lanzamiento del video: Youtube.






Y luego, se empiezan a desarrollar campañas en la calle. De nuevo, la plataforma de comunicación es youtube y facebook. (aquí un ejemplo)





El fenómeno crece. Apoyos maravillosos y surgen en otros sitios, donde por ejemplo uno de los cantantes más influyentes del país escribe en su estado cosas como “veeerde es mi país….” (clara alusión al partido verde del cuál Mockus es el candidato).

Infuencia. Más influencia. ¿Y qué ocurre con las propuestas de gobierno? Insistimos, esta es una entrada sobre marketing, no sobre política. Y en este mundo maravilloso del marketing, la política no importa tanto como la imagen que proyecta.



No hablaremos en esta entrada de los errores que, al mismo tiempo comete la contraparte. Simplemente decir que es un excelente ejemplo del helado de albóndiga: Si tratas de ponerle crema chantillí a un helado será delicioso, pero si la pones a una albóndiga de carne tendrás algo incomible. Eso es lo que está ocurriendo en el ejercicio desesperado de la competencia de aparecer en los mismos sitios y formas en las cuales aparece Mockus, de una forma que además resulta forzada.

Sin duda el tema da para mucho más , pero por hoy es suficiente de mercadeo en este reblujo. Abierta la discusión.